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lunes, agosto 02, 2010

Bolt (2008)


Siguiendo la nueva tendencia de los estudios Disney de fabricar fantasías infantiles (que no pueriles) para adultos, después de su power combo-pack del 2007 integrado por Meet the Robinsons y Encantada, Bolt constituye al mismo tiempo una fina parodia del action film hollywoodense de principios de este siglo y una comedia autoconsciente que hace del guiño irónico impetuoso su mejor arma. La mayoría de los adultos entenderán y reirán a gusto con los chistes de la película, mientras que los pequeños solamente pasarán un buen rato. Al igual que los otros dos filmes aquí mencionados.

Lo que llama la atención de esta parodia que hace del action film, es cuánto se aleja de la línea dominante del género en el Hollywood de principios de siglo. Dicho canon indica que mientras más rápido sea el corte en la edición, supuestamente más vertiginosa será la acción retratada. La serie Bourne maniáticamente abusó del recurso hasta llegar a un corte cada .5 segundos pero la nueva película de James Bond, Quantum of Solace, se voló la barda al llegar a un corte cada .33 segundos en las secuencias más “intensas”. Este tic lo único que provoca es volver a las acciones (que en sí mismas pueden llegar a ser vertiginosos sin necesidad de esos cortes maniáticos) confusas hasta lo ilegible.

Otra maña que dicta el canon del action film de principios de siglo, es la de que no sólo los personajes y los objetos se tienen que agarrar a guamazos dentro de un plano sino también la cámara lo tiene que hacer. De ahí la necesidad de agitar la cámara a todo momento, venga o no al caso.

De tal manera que alejándose de tales tendencias, los planos de las magníficas escenas de acción en Bolt son largos y la cámara permanece fija (aunque no inmóvil) la mayor parte del tiempo, revalorando el poder expresivo que tiene el track lateral o frontal para que las acciones tengan intensidad por sí mismas. Se retratan las mismas acciones que se verían en cualquier blockbuster firmado por Michael Bay o compañía, pero desde la distancia que suponen los planos largos y el movimiento mesurado y fluido de la cámara, lo que curiosamente sublima el vértigo y la intensidad de dichas acciones.

El escenario de la vida detrás de un show de televisión dentro de una película también permite crear un tipo de relato que se despliega inmejorablemente sólo en el cine. El relato autoconsciente, un tipo de ficción que piensa sobre sí mismo a cada momento. De ahí que la avalancha de guiños irónicos y referenciales haga reflexionar cómicamente a la película sobre las convenciones del género del action film. La idealización del héroe Bolt se va desmontando a medida que cada uno de los clichés y estereotipos del género al que pertenece el show de televisión van cayendo, enfrentados a la “vida auténtica”, al interior de un diseño animado de producción tan realista, que espanta.

Tiene razón José Celso en su magnífica reseña sobre la película. La pregunta práctica que permea la moraleja de Bolt no es poca cosa: “¿Es mejor una vida agradable o una vida auténtica, aunque duela?” que se une con la siguiente verdad emocional, también de Celso. “no somos especiales por cuanto nos quieren los demás, somos especiales por cuanto estamos nosotros dispuestos a querer”.

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BOLT 8

lunes, abril 26, 2010

Alicia en el País de las Maravillas (2010)

pinches mamadas

Al cine mexicano de hace ya un par de décadas se le critica sin piedad el que tenga como cimiento estético el brutalismo: la exaltación de la fealdad como única posibilidad de desplegar la creación artística. No se puede tener un doble estándar: se tiene que ser igual de despiadado con una producto hollywoodense de la calaña del infumable churro de Tim Burton, Alicia en el País de las Maravillas, sin duda una de las películas más horrendas jamás filmadas.

Atendiendo a esa modita de saturar todo con efectos CGI sorprendentes, pero por pinches, el filme puede hacer alarde de una digitalizada dirección de arte feísima y falsa, que jamás envuelve al espectador ni lo transporta a esa suerte de Tierra de Oz / Narnia bastarda que es la Underland. Al igual que otro bodrio, el Avatar de Cameron, se cree que el llenar la pantalla con un sinnúmero de efectos lucidores pero horribles y nada discretos basta para crear una película ya no se diga coherente, sino por lo menos entretenida.

Pero el pecado mayúsculo de esta cosa es, comos se ha mencionado en otros sitios, el volver ilógico lo lógico y destrozar la narrativa caótica e incoherente de los libros de Lewis Caroll sobre Alicia. Mamonamente, cada cosa que ocurre en la Underland debe tener una correspondencia con una sociedad victoriana llena de estereotipos sobadísimos. Así, todo el filme será una aventura de doble crecimiento: Alicia aprenderá a vencer a los monstruos de la Underland y a ser una mujer independiente en la apretada y convencional sociedad victoriana. Qué hueva.

El Premio Pena Ajena 2010: es para Johnny Depp por su horrenda actuación, particularmente por el ridículo baile que celebra la victoria de Alicia.

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Alice in Wonderland 6

domingo, julio 05, 2009

Up (2009)


Después de 2 fallidas fábulas con tufillo realista, Pixar ha creado en Up (ídem, EUA, 2009), de Pete Docter, su película más madura y más adulta. Qué maravilla de filme es éste, uno que encuentra un magno equilibrio entre la habitual ñoñez de Pixar y la crueldad disneyana.

Si Ratatouille y WALL*E fracasaron, era porque en el fondo, lo que buscaban era ser elaborados alardes narcisistas sobre qué maravillas tecnológicas ambas cintas eran. No es el caso del Up, un filme donde el sentimiento y la emoción (siempre humanas y no de una rata o de un robotito muy cursi) toman preferencia sobre sus logros técnicos. Es así como la primera parte, realista, de una dulce aspereza (¡se sugiere por primera vez en una cinta animada estadunidense para consumo masivo de dónde realmente vienen los bebés!), da paso a una segunda parte onírica, jamás light ni cretina, que utiliza los mecanismos surrealistas para lidiar con la muerte del ser amado. Es la meditación trascendental (cual un David Lynch patas para arriba) que es un desatado y duro delirio imaginativo que es una colorida cinta de acción donde el sentido de peligro y aventura nunca cesa y por ende, jamás termina la capacidad para el asombro. En lo personal, así es como me gustan mis cintas animadas.

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Up 8

jueves, junio 04, 2009

Tiburón (1975)



ENFRENTAMIENTOS

La escena inicial es brillante. Una fiesta medio hippiosa, medio fresona cerca de la playa y la rubia de rigor, entre babas y cachondona, se dirige hacia el mar, despojándose generosamente de sus ropas. Un tipo la sigue, jadeando y con dificultades, probablemente causadas por la ingesta de alcohol y enervantes. Y así nada más, la rubia quedará sumergida en la orilla del mar, presa mortal de los aterradores acordes de la partitura de John Williams (en su modalidad áspera y oscura) y de las fauces asesinas de una criatura marina que la devorará, criatura genialmente inmostrable, al menos durante la primera hora del filme.

El tercer largometraje de Steven Spielberg, Tiburón (Jaws, EUA, 1975), es un ejercicio malsano e inclemente de acumulación y liberación de tensión narrativa al borde del más apabullante virtuosismo, un híbrido de cine de aventuras y de terror de matiné que nunca oculta sus ambiciones literarias, un tratado sobre los alcances y el poder del Enfrentamiento, un disparejo thriller demasiado genial y maduro en su primera parte y un tanto desfachatado en su segunda.

Parte de la tensión generada en la película vendrá de los sucesivos enfrentamientos que tendrán lugar en ella. Primero, es el enfrentamiento entre los intereses políticos supeditados a la ganancia económica (“¡Es que no podemos cerrar las playas! ¡Es 4 de julio!”), en lugar de velar por el bienestar físico de los habitantes de la isla. Posteriormente, se vuelve un enfrentamiento entre la estupidez (“Ni crea que va a realizar la autopsia a este pecezote, ¡éste es el que buscamos!”) y la inteligencia. Y finaliza como un enfrentamiento entre el hombre y la naturaleza, donde se hace más patente la inspiración literaria de la película y de la novela de la cual se adaptó.

Hay una virtud innegable en el hecho de no mostrar al monstruo durante la primera hora. El joven e impetuoso Spielberg se puede concentrar en los movimientos de cámara, en ese montaje obsesivamente perfecto trabajado como relojero, en saber el momento más adecuado en que los acordes legendarios de John Williams (mucho antes de que descendiera a lo peor de su sacarinoso cursilirismo), alcanzando un estado sostenido de tensión inaguantable y un virtuosismo precoz. Al mostrar el monstruo durante la segunda hora todo eso se tirará a la borda, para mejor mimetizarse con el más rancio o chafiexquisito, según se prefiera, cine de serie B, excesivo y descabellado, en el que Brody le avienta un “Smile, you son of a bitch!” al pobre tiburón ultraglotón antes de hacerlo volar en mil pedazos.

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Jaws 8