lunes, noviembre 08, 2010

Año bisiesto (2010)


Algunos críticos se apresuraron a tachar a Año bisiesto y sobre todo a Michael Rowe como un imitador barato del tipo de cine que Carlos Reygadas y su principal alumno, Amat Escalante, hicieran tan famoso en festivales de gran parte del orbe. Una de las críticas más duras hacia la cinta la llamó “un porno esnob sin sexo”. Para la desgracia de ellos, un análisis más detallado de la cinta lleva a encontrar diferencias esenciales con el cine del eje Reygadas-Escalante-Eimbcke y las no pocas virtudes de esta interesante, intrigante y finalmente sí, herética, ópera prima del cine mexicano, como siguen.

Para empezar, Año bisiesto tiene algo que jamás se ha visto en una cinta del citado triunvirato del cine mexicano: sentido del humor. Toda una anomalía: a un solo tiempo es una cinta profundamente cómica y eminentemente triste. Pocas escenas más dolientes como cuando Laura (Mónica del Carmen en una actuación colosal y con los ojos más expresivos del cine mexicano en años) prepara todo para lo que podría ser su muerte a manos de su ¿amado? Arturo (Gustavo Sánchez Parra).

Año bisiesto tiene algo que tampoco se ha visto en los territorios de Reygadas-Escalante: un ritmo narrativo impecable. La cinta es increíblemente fluida y sorprende que Rowe utilice en ocasiones planos muy cortos, aún más que los de otra cinta trabajada casi exclusivamente a puro plano fijo, la hollywoodense Actividad paranormal 2. Aún más: Rowe no deja a sus personajes abandonados en el plano durante minutos y minutos de silencio apantallapendejos. Parece ser que Rowe no sólo está consciente del poder expresivo del plano sino también del poder que tiene la palabra hablada: una interesante re-valoración del diálogo que no se había visto en el cine mexicano desde las detestadas (no por quien esto escribe) cintas de Alan Coton.

Año bisiesto se distancia así mismo del sub-género citado por una característica especial: es sensual y es sexual. Por cierto, hay buenas noticias. El cine mexicano ya no necesita de alegorías poéticas en la vena de Adán y Eva (todavía) o juegos meta-literarios a lo Shibari, De nudos y desnudos para hablar de sus fantasías sadomasoquistas más duras, al realizarlas ahora de frente y sin tapujos.

Llena de gags muy efectivos y detalles coquetos, erigiendo uno de los personajes más complejos e intrigantes del cine mexicano en mucho tiempo (personaje al que la película jamás trata con desprecio o saña, “como cucaracha” dijeron otros), Año bisiesto comete una herejía que vendrá por otro lado. Volver entrañable, tierna y finalmente conmovedora una relación abiertamente sadomasoquista y posiblemente destructiva, para dejar a sus dos amantes en el mismo estadio taciturno y nostálgico de los dos freaks de Párpados azules. Rowe no tiene pierde: qué bonita le quedó esta comedia romántica sobre dos sadomasoquistas.

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Año bisiesto
9

domingo, octubre 24, 2010

Actividad paranormal 2 (2010)

"Actividad paranormal 2 es la película de terror que Béla Tarr nunca ha dirigido"

Hay una escena hacia el desenlace de Actividad paranormal 2 (Paranormal Activity 2, EUA, 2010), en donde uno de los protagonistas se encuentra reposando y viendo el televisor en el sillón de su casa. De pronto, entra en la profundidad de campo del encuadre otro personaje clave y por un momento, uno piensa, por tres segundos, que todo se trata de una alucinación o la imaginación del personaje del sofá, antes de que el intertítulo con el cronómetro imparable le dé la cachetada al espectador de que no sea inepto y recuerde que está viendo un flujo de imágenes que procede de una grabación de seguridad y por lo tanto, no hay espacio en esta narración para la externalización de la vida interior, mucho menos para fantasías o alucinaciones en estas imágenes “objetivas”. Es tan sólo uno de los síntomas de la severidad de la propuesta de Actividad paranormal 2, una propuesta con que la película se compromete audazmente hasta llegar a sus últimas consecuencias.

La segunda parte de la muy exitosa cinta homónima de terror del año pasado, Actividad paranormal 2, de Tod Williams, es un brillante objeto teórico sobre el poder del plano cinematográfico y del encuadre al que no le da nada de miedo sostener a ambos a duraciones masoquistamente imposibles, una valiente cinta de terror que no retrocede ante la luz del día (como ya lo era la fantasía turística-gore Las ruinas, aunque en las antípodas del registro visceral de aquella), una tensa provocación metafísica que ataca precisamente a un jefe de familia escéptico (¿ateo, agnóstico?) con toda la ira destructiva de un demonio innombrable e inmostrable en el que irónicamente deberá acabar creyendo aquel para salvar a su familia, una actualización completamente siglo XXI de un satanismo fílmico apenas velado y sugerido aunque de posesiones y efectos contundentes.

A mayor presupuesto, más pulidos efectos especiales. Curiosamente, en esta segunda parte se cambia lo sutil de la primera cinta hecha con 2 dólares, por lo desquiciado. Las ventajas de contar con un presupuesto ya millonario, por supuesto. Y con los riesgos consabidos, la película sale bien librada. Incluso con lo descabellado y risible de ciertas escenas (viene a la mente cierto momento de levitación de un infante y cuando la madre de él es arrastrada por la escalera, hacia abajo), es por la mesura de sus planos fijos y por un estilo histriónico naturalista (o no-histriónico, según sea el caso) de sus estupendos actores provenientes del mejor indie norteamericano, así como por una banda sonora que prescinde por completo de la música extra-diegética o diegética, que dichas escenas se alejan de lo gracioso o la parodia para quedar plasmadas como lo que todo director busca en una película de terror: imágenes aterradoras o simplemente espantosas

Cajas chinas, muñecas rusas. Es sorprendente la manera en que esta segunda parte, devora a la primera como si se tratara de una caja china o una muñeca rusa. Ni secuela ni precuela propiamente dicha, sino un elegante e inteligente dispositivo narrativo que amplía los acontecimientos de la primera, cual onda expansiva o filme fractal.

Y el más duro, pesimista y desesperanzador final abierto de una película hollywoodense en años, acaba siendo perversamente aterrador no tanto por sus explicaciones, sino, con la mayor inteligencia fílmica posible dentro de su reventado (y gastado) sub-género, por sus implicaciones, antes de mandar todo de guillotinazo a un terrorífico fundido en negros a lo Michael Haneke, con el más escalofriante, sepulcral (¿y ceremonial?) de los silencios.

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Paranormal Activity 2 8

jueves, septiembre 16, 2010

Cumbia callera (2007)

El director y el elenco de Cumbia callera

Los regios cholos

Es simplemente una cuestión de expresividad. Un plano de Cumbia callera vale más que todo Arráncamela, vida (Sneider, 08). Una mueca pos-neorrealista del no-actor Andul Zambrano interpretando a El Güipirí vale más que toda la actuación de Giménez Cacho. Una sonrisa de la morenaza de fuego Fernanda García vale más que casi todo el elenco femenino de relleno en la adaptación de la novela de la Mastreta. Las dos desenfadadas cogidas que consuman el triángulo amoroso de esta historia están más sexualmente cargadas que la pasión adulterada de Catalina por su pianista babas.

La tardía aunque por completo apasionante ópera prima deRené U. Villarreal, Cumbia callera (México, 2007), es un musical en que los protagonistas no cantan ¡ni dialogan! en donde sus canciones nunca interrumpen el flujo narrativo, un milagro anómalo de poderosa expresividad, una sensual explosión multicolor que retrata inmejorablemente una zona y una cultura local desconocida para casi todo el país, el "gran filme sobre cultura juvenil" que ya nos hacía falta aunque sea tan regionalista, un romance volcado sobre un triángulo amoroso nunca sórdido, ni tremendista pero sí permisivo y hasta gozosamente libertino, una obra maestra del extinto cine popular para hacer correr despavoridos a los esnobs más aguerridos aunque ya haya triunfado con contundencia en los festivales de Moscú, Santa Cruz y San Juan de la Luz.

Cumbia callera o la copla rediviva. Curiosamente como musical no tiene sus raíces en la opereta europea, como la mayor parte del cine musical hollywoodense y el teatro de Broadway, sino en la tradición del corrido y la copla mexicana; las canciones nunca son entonadas por los protagonistas aunque son una exposición exacta de sus motivaciones y sus sentimientos, un comentario sobre la trama nunca al margen, puesto que la falta de diálogos se compensa por las estupendas canciones que son monólogos internos.

Cumbia callera o la pasión febril. Este triángulo amoroso formado por La Cori (Fernanda García), El Güipirí (Andul Zambrano) y El Neto (Mario Cantú, el cieguito de Así) parte de las pulsiones más elementales y nunca se torna sensacionalista ni cretino, más se respira dentro de él una excelente observación de las formas en que la juventud mexicana modelo siglo XXI se relaciona entre sí. Una película que no le tiene miedo alguno a la embriaguez por placer sexual ni a sus consecuencias no siempre alegres, a años luz de una basura tan apanicada de la sensualidad como Pamela por amor (Rodolfo Galindo, 08)

Cumbia callera o la frescura vital. He aquí una brillante película de jóvenes para jóvenes sobre jóvenes, insólitamente dirigida por un cincuentón, que es baile fresco y renovante que es alegría pura que es fascinación por la simple sensación de vivir y encontrar o perder el amor o volverlo a encontrar por partida doble.
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Cumbia callera 8

miércoles, septiembre 01, 2010

Surveillance (2008)


El psicothriller reptante

En Vigilancia extrema (Surveillance, EUA-Canadá, 2008), segundo filme de Jennifer Lynch, los agentes del FBI Elizabeth Anderson (Julia Ormond mutante) y Sam Hallaway (Bill Pullman bestialmente sobreactuado) se dedican arduamente a investigar un incidente perpetrado en la carretera por una banda de asesinos seriales, en donde sobrevivieron el repulsivo policía abusivo Jack Bennet (Kent Harper), la drogadicta Bobbi Prescott (Pell James) y la niñita poco impresionable Stephanie (Ryan Simpkins hermética sensacional), hasta dar con la verdad no importando las consecuencias.

El psicothriller reptante recurre a segmentos en los que la realidad subjetiva (lo que está contando el testigo) y la realidad objetiva se escinden, aunque sin utilizar los mecanismos surrealistas de David Lynch; segmentos perfectamente ordenados y embonados, desprovistos de truculencia para mejor llamar a los fantasmas de la desquiciada violencia homicida, irracional a rabiar

El psicothriller reptante perturba de manera ejemplar con su ritmo deliberadamente moroso, en que la superficie parece estar mucho más trastornada que lo que se esconde en el fondo, lográndolo con saña y alevosía a través de la suma de hechos y detalles cada vez más macabros: fragmentada secuencia de créditos con explícito asesinato gore, horrendas máscaras de los psicópatas en big close-up remitentes por supuesto a la fundacional obra maestra Masacre en cadena (Hooper, 74), abundancia de espacios desérticos y carreteras malditas según el Desperation de Stephen King para hacer explícito el horror existencial, galería de personajes grotescos y vomitivos cada vez más desquiciados, sorprendentes virajes de la ficción, violación necrófila a ritmo de pop, etcétera.

Y el psicothriller reptante invoca una vez más el tema de los Amantes Malditos que iniciara en Bonnie y Clyde (Penn, 67), como una gran provocación erotanática, quizás la única provocación posible para una época en que todos los tabúes ya se han roto, trabajada como una fábula amoral fuera de control que también es un perverso y eminentemente grimmeano “cuento sobre las brujas”, en palabras de la misma Jennifer Lynch.

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Surveillance 8